Microvidas 89

Ayotzinapa Students
Protesta por los estudiantes de Ayotzinapa en Vondelpark 2015

43 es solo un número. Pero cuando cada número toma un nombre, deja de ser una cifra. Son 43 almas, 43 familias, 43 futuros borrados en una noche. La línea entre lo legal y lo ilegal se desdibujó un 26 de septiembre. Hoy alrededor del mundo se escuchan voces que los llaman. Carlos Ramírez Villarreal, Felipe Rosas, Israel Lugardo y sus 40 compañeros. -¿Dónde están?.

Microvidas 87

Border Collie
Perro entrenando en Amsterdam Nieuwe West

Hanna escucha el silbato, se levanta y se acerca al rebaño. Las ovejas le dan la espalda automaticamente. Con el siguiente silbido la perra camina detrás de ellas, las guia hacia el corral. Una rutina que Hanna práctica diariamente. Hoy son solo siete ovejas, pero pronto correra en campos más amplios detrás de un rebaño de quinientas.

Microvidas 85

 

Ella se mueve lento, la prisa se quedó en la noche, en los bares. Las nubes no permiten que el sol toque las calles empedradas, por ello hay cuerpos que aún duermen. A medida que avanzan las horas la sangre ebulle, la sobriedad de las ciudad se va perdiendo. Una, dos, diez cervezas. Ahora todo se ve más claro, ahora entiendo por qué las fachadas planas. Ellas esconden la furia que vibra detrás de esas paredes

Germany - Köln
Mujer caminando una mañana de domingo en Köln – Alemania

Microvidas 84

Getsemaní - Cartagena de Indias
Getsemaní – Cartagena de Indias

Getsemaní resiste, busca su balance. Algunos de sus habitantes se sientan a mirar el cambio y otros tratan de caminar más rápido para no quedarse atrás. La mutación cultural se observa en las maderas de las casas, en las voces de auxilio escritas en las paredes, Aunque la mayoria de los desprevenidos son encantados por las luces amarillas de la Plaza de la Trinidad.

Microvidas 83

Indigenas en su caserío
Indigenas Kogui en la caserío Sewiaka en la Sierra Nevada de Santa Marta

 

Los viernes Lorenzo termina sus clases más temprano. La mayoría de sus compañeros agarran sus mochilas, las ponen sobre sus cabezas y caminan en fila hacia el cacerío más cercano. Lorenzo se queda en Seywiaka. Para llegar a su hogar él debe caminar hacía la cima de la Sierra. Dos días a pie es lo que tardaría en llegar, por ello solo irá a casa cuando sea hora de recoger el café en Noviembre.

Lorenzo me observa a pocos metros, pero cuando yo lo miro él aparta su rostro. Se aleja de mi. Manuel, un joven de 21 años nos guía hacia la casa María, lugar donde se realizan las ceremonias masculinas. Lorenzo lo sigue. -El mamo no está- dice Manuel.

Poco a poco me acerco a Lorenzo, toco su cabello. Le pregunto cuántos años tiene. No responde. Levanta su mirada y me sonríe por primera vez. Pero de repente corre y se esconde en la casa María. Sabe que yo no puedo entrar allí. Escucho su risa desde afuera.

Lo llamo, -Lorenzo, Lorenzo- No responde. Mientras tanto, Manuel nos explica como funciona el trapiche, nos regala Ayu secó para mascar y nos muestra el interior de otras chozas.

Vuelvo a gritar -Loreeenzo me voy-… La última vez que lo vi, él corria detrás de las matas de platano. Su cabello suelto se elevaba con la brisa de la Sierra. Lorenzo, vi mi rostro reflejado en el tuyo.